La Historia del Cine está llena de ejemplos excelentes de dedicación de los actores en la construcción de un personaje. Unas veces roles de profundo carácter sicológico y otras, de intensa demanda física, adornan las pantallas del cine como premio al intenso trabajo con que los actores asumen sus responsabilidades profesionales.
Como ejemplo de ello siempre recuerdo la afirmación del ex boxeador Jake LaMotta sobre Robert De Niro cuando afirmó que “De Niro estaba en forma para pelear por un título mundial” cuando filmó Toro Salvaje. Y más recientemente, me impresionó muy favorablemente la excelente preparación corporal y técnica de Hilary Swank para filmar “Million Dollar Baby” bajo la batuta del gran Clint Eastwood; igualmente caracterizando un atleta de alto rendimiento.
Por supuesto, todo trabajo actoral demanda una gran dosis de preparación, sea por los requerimientos sicológicos de un personaje o por las “habilidades de su biografía”, como cuando se personifica e interpreta a un músico magistral – por poner un ejemplo- o a un cantante y se termina cantando para la película. Pero confieso que me impresiona particularmente la capacidad de algunos actores para asumir habilidades que normalmente requieren años de preparación, usualmente toda la vida, como es el caso de los deportes de alto rendimiento o la ejecución de figuras de la acrobacia o el ballet clásico.
Tal es el caso de Natalie Portman en su último éxito “El Cisne Negro” (Black Swan, 2010). En esta película la premiada actriz no sólo ejecuta complicadas combinaciones de ballet clásico sino que además, logra casi a la perfección la apariencia modelada por el rigor ¡y el peso! de una bailarina profesional.
Pese a la controversia desatada por la bailarina utilizada como doble por el director Darren Aronofsky en las escenas más exigentes – Sarah Lane, solista del American Ballet Theatre – al declarar que Natalie Portman había bailado “sólo el 5% de las tomas de cuerpo completo”, es justo reconocer que las escenas bailadas por ella muestran un dominio y entendimiento de su role, además de su preparación técnica y física, sólo alcanzable para un profesional del giro.
Nadie que vea a Natalie Portman en su papel excepcional en la película “El Cisne Negro” puede ignorar la importante transformación que esta tuvo que pasar para asumir su papel. Portman fue siempre más bien delgada y recibió clases de ballet clásico cuando era niña, pero en la preparación de la película perdió mucho peso y cambió su aspecto físico de forma espectacular. Tengo que admirar su deseo de de hacer real su experiencia, ya que resulta obvio que esto le tomó posiblemente bastante esfuerzo.

Investigando sobre la rutina de ejercicios seguida por Natalie Portman para la filmación de “El Cisne Negro”, se sabe que esta se basó no sólo en el aprendizaje de los elementos técnicos a ejecutar en el film sino también en quemar grasas y tonificar su cuerpo con ejercicios de alto rendimiento.
Portman se preparó con antelación para la película por un período de entre seis meses a un año. La rutina fue intensa: entrenó 6 días a la semana durante 5 horas por lo menos cada uno de esos días. Sus entrenamientos no estaban destinados sólo a fortalecer y tonificar sus músculos sino que incluso siguió un programa regular de ejercicios de ballet creado por Marey Helen Bowers – un entrenador de ballet profesional- para prepararla profesionalmente para su desempeño. El sistema se llama Ballet Beautiful y se utiliza para preparar bailarines para los rigores del ballet, ayudarles a realizar los variados y exigentes movimientos del baile, y reducir su riesgo de sufrir lesiones.
La idea no era sólo que Natalie Portman encajara en la apariencia de su personaje sino que fuera realmente capaz de realizar muchos de los movimientos de la danza. Uno de los informes al respecto afirma que Portman realizó alrededor del 90% de las escenas de ballet en la película, lo cuál es bastante impresionante teniendo en cuenta que la formación del ballet generalmente toma décadas de duro trabajo.
Esto dio lugar a una película más creíble y realista y es, sin dudas, un triunfo de una actriz que asumió el intenso rigor del ballet, como un reto personal. Natalie Portman es un “cisne negro” creíble que nos recordará siempre la entrega con que los profesionales del cine enfrentan las exigencias de su trabajo.








