La muerte puede tener significados muy diferentes según el contexto cultural y religioso en que se aborde el proceso. Mientras para algunas culturas la muerte es una extinción del “envase material” del espíritu en pos de una transmigración de este hacia una nueva existencia, para otras es el momento de rendir cuentas a los poderes divinos, de tu accionar en la tierra: un momento definitivo donde dejamos de estar vivos para pasar a una eternidad de paz absoluta o de castigo eterno, según nos hayamos ganado.
Para algunas culturas “el momento de la muerte” – que no es tal, en tanto la muerte no es un evento sino un proceso – involucra un sentimiento de pérdida por “el ser que se va”; para otras esta “despedida” meramente reactiva un ciclo natural que se repetirá hasta la eternidad.
Así, para los estudiosos, la significación de la muerte es una idea socialmente construida. Los temores y esperanzas que experimentamos respecto a la muerte no son instintivos sino que se aprenden en el contexto de una cultura, determinados por la lengua, las artes, los valores ético-religiosos, las costumbres; la cosmovisión en definitiva, del grupo socio-cultural a que pertenecemos.
Estas percepciones se reflejan muy claramente es los rituales funerarios de las diferentes culturas y en ceremonias populares que trascienden la tradición religiosa.
Así tenemos, por sólo poner un ejemplo, las festividades del Día de Halloween en la cultura norteamericana que, asociado a la tradición judeocristiana, se celebra la noche anterior del Día de Todos los Santos (Iglesia Católica Romana), que en la tradición cristiana de Occidente homenajea a “los santos”; o sea, a todos aquellos que tras morir han sido purificados con su entrada al Paraíso.
En realidad la fiesta incluye otras costumbres tanto religiosas como paganas que suman disfraces, tradiciones culinarias, juegos, etc . Halloween, más que “un día de muertos” ha devenido una especie de fiesta para los niños que al anochecer salen disfrazados a pedir su regalo bajo la terrible amenaza de “Trick or Treat!”.
Por otra parte, tenemos una celebración “similar” en la cultura méxico-norteamericana que, aunque difiere al Halloween, mantiene con este puntos de contacto. Se trata del Día de los Muertos en México.
El Día de los Muertos se remonta a la época de los pueblos indígenas de Mesoamérica, tales como la aztecas, mayas, los purépechas (de la cultura Tarasca) y los nahuas, entre otros. En la época prehispánica era común conservar los cráneos y mostrarlos durante los rituales que simbolizaban la muerte y el renacimiento. La muerte era vista como una transición entre la vida en la tierra y una nueva vida en el más allá.
Durante la conquista de México por España, como parte de los esfuerzos por convertir a los pueblos indígenas al catolicismo, se exacerbó la creencia de que el ritual del Día de los Muertos coincidía con las fiestas católicas del Día de Todos los Santos y el Día de los Difuntos. Como los representantes religiosos encargados de “civilizar” a los conquistados introdujeron los rituales, el arte y las imágenes de sus celebraciones, éstas se convirtieron en parte de los rituales indígenas y se mezclaron con los antiguos ritos y creencias que estos grupos mesoamericanos compartían. El resultado fue una fusión de creencias y tradiciones que devino en la celebración del Día de Los Muertos como la conocemos hoy.
El Día de los Muertos en México, sin embargo, celebra un ritual un tanto diferente comparado con El Día de Todos los Santos y las festividades de Halloween. Se trata de una ceremonia donde los seres queridos comparten con aquellos que “han partido” en un esfuerzo por mantenerlos cerca. O sea, mientras el Día de Todos los Santos celebra la pureza de quienes trascendieron la vida en la perfección del Paraíso, el Día de los Muertos trae de vuelta la vida al recinto funerario con el objetivo de que aquellos que ya se fueron, se reconozcan en las actividades que compartieron en vida y por tanto, se mantengan allí.
El Día de los Muertos en México – y en su versión méxico-americana- tiene un carácter festivo. Es un evento colorido único que mediante la construcción de altares, ofrendas de regalos, flores, frutas, velas, confituras de formas alegóricas a la muerte y dedicadas a los seres queridos, y música, honra la memoria de sus muertos.
Cabe destacar que en las poblaciones fronterizas de México con los Estados Unidos, la ceremonia del Día de los Muertos se ha contaminado con la fiesta del Holloween en una celebración transcultural menos cercana a sus referentes originales en ambas lados.
La celebración de la muerte es una tradición apegada a todas las culturas como un homenaje al necesario balance que implica el ciclo de la vida: vivir y morir como “existencias temporales” en la larga existencia de un universo que nos trasciende en el tiempo.








